martes, 30 de septiembre de 2008
*** ALEJANDRA PIZARNIK ***
LA VOZ DE ALEJANDRA DICIENDO UN POEMA de ARTURO CARRERA (gracias a Jennifer). ES LO ÚNICO QUE ENCONTRE COMO REGISTRO DE SU VOZ.
A 36 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO, RECUERDO DE UNA GRAN POETA ARGENTINA.
sábado, 20 de septiembre de 2008
*** El Habla en el Poema ***
GEORGE TRAKL
Poeta austriaco nacido en Salzburgo en el seno de una familia burguesa. Estudió la carrera de Farmacia y vivió siempre en su ciudad natal y Viena. Sus mejores poemas aparecieron por primera vez en la revista Der Brenner. Su estilo es abrupto y violento y su obra poética es breve pero de una rara densidad, en ella une la nostalgia de la ternura y el presentimiento del fin del mundo occidental. Su obra poética, influenciada por Rimbaud, se compone de tres obras, Gedichte (1914), Sebastian in Traum (1915) y Die Dichtungen (1919). En 1914 a consecuencia de la guerra es movilizado dentro de los servicios sanitarios y asiste a la batalla de Grodek. Quedó tan horrorizado de esa experiencia que se suicidó la noche del 4 de Noviembre de 1914, con una sobredosis de cocaína
Martín Heidegger escribe un texto: El Habla del poema, dilucidación de la poesía de Georg Trakl, en el que dice que todo gran poeta poetiza sólo desde un único Poema. La grandeza se mide por la amplitud con que se afianza a este único Poema y por hasta qué punto es capaz de mantener puro en él su decir poético.
PRIMAVERA DEL ALMA
Grito en el sueño,
por calles oscuras avanza el viento,
del ramaje aflora el azul primaveral,
el rocío púrpura de la noche adviene
y alrededor se apagan las estrellas.
Verde amanece el río, plateados son los paseos antiguos
y las torres de la ciudad. Ah, la suave embriaguez
de la barca que se desliza y el oscuro cantar del mirlo
en jardines de la infancia. Ya se aclara el rosado velo.
Las aguas murmuran ceremoniosas.
Ah, las húmedas sombras de la pradera,
el animal que avanza; intenso verdor,
los ramajes floridos tocan la frente cristalina;
vívido balanceo de la barca.
El sol murmura sobre las nubes rosadas de la colina.
Grande es el silencio de los abetos,
las graves sombras en el río.
¡Pureza! ¡Pureza!
¿Dónde están las terribles veredas de la muerte,
del gris silencio pétreo, las rocas nocturnas
y las inquietas sombras? Radiante abismo del sol.
Hermana, cuando te encontré
en el claro solitario del bosque
era mediodía y vasto el silencio del animal;
blanca estabas bajo una encina silvestre
y florecía plateado el espino.
Poderosa la muerte y la llama que canta en el corazón.
Oscuras aguas rodean el juego de los peces.
Hora de la desolación, silenciosa vista del sol.
Es un ser extraño el alma en la tierra.
Sagradamente anochece el azul sobre el bosque abatido
y repica una sombría campana en la aldea;
compañía apacible.
Sobre los pálidos párpados del muerto
florece el mirto silencioso.
Suaves suenan las aguas al declinar la tarde
y en la orilla verdea con intensidad la hierba,
fulgor en el viento rosado;
el dulce canto del hermano en la colina crepuscular.
Versión de Helmut Pfeiffer
GRODEK
Traducción de José Luis Arántegui
De atardecida suenan los bosques otoñales
de armas mortales, las praderas doradas
y los lagos azulados, el sol sobre todo
se ahonda en sombras: la noche abraza
a guerreros moribundos, el quejido fiero
de sus bocas destrozadas.
Pero callada en el fondo de los prados,
roja nubareda que habita un dios de ira, se congrega
la sangre derramada, frío de luna;
todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo doradas enramadas de la noche y las estrellas
por el soto silencioso va la sombra de la hermana dando tumbos,
saluda a los espectros de los héroes, las cabezas que aún sangran,
y quedas suenan en el juncal las flautas oscuras del otoño.
¡Tristeza orgullosa! ¡Altares de acero!
Alimenta hoy la llama ardiente del espíritu un dolor violento
de nietos no nacidos.
Hugo Mujica dice: "El poema muestra la mirada, no lo mirado; hace sonar la música, no el instrumento. Dice la palabra que no nombra otra cosa, que se dice ella misma como palabra: no la dice, la deja decirse dándole su voz para que en esa voz se diga la poesía: la palabra diciéndose palabra."
Esa mirada, no lo mirado podemos observarlo en Grodek donde "todos los caminos conducen a la negra podredumbre", no hay forma de escapar al horror, ya no la hay. Después de contemplar el desastre de la guerra, esa deshumanización e intemperie que lo coloca en un tiempo límite también lo arrincona en un futuro que no es. El ser queda devastado. Lo poco de humanidad que queda se le escapa entre los dedos, se extravía y no existe retorno mas que el envilecimiento, la pérdida de su propia alma, la cual no esta dispuesto a entregar frente a los altares de acero.
martes, 16 de septiembre de 2008
EL VIAJE
no puede marchitarse, tu ventura no alcanzas,
pero siempre amarás y serás siempre hermosa"
John Keats
Una rosa hecha de tinta apenas si es una rosa.Los trazos presagian su contorno, su color y nombre que se desprenden de la cifra. No es lo que dice ser sino lo que intenta y en el acto en que las manos, como un Dios, construyen su forma, borran su esencia para perder por siempre lo que es. Su imagen
por Gonzalo Sueiro
sábado, 6 de septiembre de 2008
*** El Alma del Río ***
Juan Laurentino Ortiz nació en Puerto Ruiz, Entre Ríos, y paso toda su vida ahí. Ésto parece un dato menor, sin embargo, puesto en contexto, Juan permaneció alejado de las modas, del centro cultural aglutinante de Buenos Aires, que sedujo a tantos poetas, escritores y pintores que la transitaron. Su poética no se somete a la leyes que dicta el orfebre de la cultura, sino que se rige y erige por leyes propias, internas, una mirada que no se inunda del paisaje hidríco de la provicincia, se constituye en la lectura, en el universo del lenguaje. Si el paisaje que puebla los poemas fuera un reflejo directo de la realidad, entonces estaríamos en presencia de un foto - cronista de la región, nada más alejado de esta idea. Podríamos pensar que la poética, el idioma de los poemas de Juanele construyen el alma del río, no su representación, el yo poético se sustancia en la metafísica de un habla que le es propia a la poética.
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
me angustiaba casi.
Quería comprenderlo.
Sentir qué el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas
pero no podía.
Regresaba
- ¿Era yo el que regresaba? -
en la angustía vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río!
domingo, 31 de agosto de 2008
EL VIAJE
El contorno de la mano
que da nombre y origen,
proyecta en la maculada hoja
un trazo.
Se expande en horizontal.
La imagen de una mano
deja ver su trazo elíptico,
una parábola, con olor a paraíso
y en el centro, el claro de un abra.
La luz amarillenta ocupa el centro
mismo que resplandece
e invade el contorno,
los trazos y la hoja misma.
¿Se expande en horizontal?
Ahora sólo cae,
desprendido del cielo y la mano
en un vertical sin fondo,
hacia una nada en que se consume
y proyecta su extinción.
"EL Viaje"
viernes, 22 de agosto de 2008
La Poética Vertical de Roberto Juarroz

El poeta no tiene otra alternativa que inventar o crear otros mundos. La poesía crea realidad, no ficción. Afirmo que la poesía es realidad, y para mí es la mayor realidad posible porque es la que cobra conciencia real de la infinitud.
Otra forma de pensar para pensarte.
La ha creado sin mí,
Como si una sombra se inventara otro cuerpo.
Y ahora encuentro contactos
De suavidad creciente
Entre mis pensamientos
Que antes no se tocaban.
Ahora encuentro
Que mi pensar es casi como un cuerpo.
La obra de Roberto Juarroz tiene un único nombre: Poesía Vertical. Esta elección constituye un cuerpo único de una escritura que arma, indisoluble, una lengua propia.
En ella, la realidad, construida palabra a palabra, debe extrañarse para poder ser. Sin embargo no se cierra ni se encierra, avanza en una búsqueda que desnuda la propia opacidad. “Mis ojos buscan eso/ que nos hace sacarnos los zapatos/ para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo/ o inventar un pájaro/ para averiguar si existe el aire/ o crear un mundo/ para saber si hay dios/ o ponernos el sombrero/ para comprobar que existimos” Los silencios intrínsecos a cada blanco se forman en la musicalidad de los versos, que chocan contra un creador que parece no oír, y entonces lo inventamos, porque no hay modo de alcanzarlo. Pero también está el cruce entre esa música, la de la voz que se enfrenta a la sequedad de la palabra, y es ahí donde se busca la comunión. Aquello que no es arbitrario, sino la esperanza que sea una. Voz y cuerpo, pensamiento y palabra, porque ir hacia arriba no es nada más que un poco más corto o un poco más largo que ir hacia abajo. Ese es el espacio, vertical como un poema, en que transita esta espera, la de la lectura. La lectura en voz alta del poema que unan, por fin, voz y palabra.
En el cual no habrá que empujar los vidrios para que caigan,
Ni martillar los clavos para que sostengan,
Ni pisar las piedras para que se callen,
Ni beber el rostro de las mujeres para que sonrían.
Empezará la gran unión.
Hasta Dios aprenderá a hablar
Y el aire y la luz
Entrarán en su cueva de miedosas eternidades.
Entonces ya no habrá diferencia entre tus ojos y tu vientre,
Ni entre mis palabras y mi voz.
Las piedras serán como tus senos
Y yo haré mis versos con las manos,
Para que nadie pueda ya confundirse.
lunes, 18 de agosto de 2008
EL VIAJE
“Yo nombro contigo la vigilia y el viaje
y el muelle reinventado y el cielo sin las horas
y el largo error y la hierba del río.”
EDGAR BAYLEY
De “poeta en la ciudad”
sobre la mancha verde de la parra.
Una línea vertical.
Y, por detrás, aparece una cuadrícula;
roja, de líneas horizontales,
blanca, de verticales.
En uno de los pequeños cuadros
la mancha verde no es hoja,
sólo es eso, irreconocible.
Una mancha bañada de luz
que en uno de sus lados,
del oeste crepuscular,
torna amarillento su verdor.
Se dice hoja y no mancha
porque en el cuadro,
simplemente allí,
es sólo eso.
Vuelta a la realidad
se une a las demás hojas
y continua en parra.
por Gonzalo Sueiro
"EL VIAJE"
Enana Blanca

Las enanas blancas se caracterizan por tener una débil luminosidad y un radio muy pequeño; el radio, en realidad, es comparable al de uno de los mayores planetas, Saturno. Acausa de ese radio tan pequeño, la densidad a que se aglomera la materia en el interior de una enana blanca es extremadamente elevada, tan elevada que no puede compararse a nada conocido sobre la Tierra. Una enana blanca célebre es Pup, el compañero d Sirius. La materia en su centro es tan densa que una simple caja de fósforos pesaría varias toneladas. Es evidente que las enanas blancas son estrellas que han alcanzado el final de su evolución.
Donde dice "el compañero de Sirius",
el doble miniaturizado de Cobra,
donde dice "Pup", poner la menina Mari-
bárbola, o la María Sarmiento, o la propia
infanta doña Margarita girando helicoidal ante
el espejo, y luego su metáfora, la máquina
prognática de Alejandro,
o la raquítica albina, con un pato amarra-
do a la cintura, que atraviesa la Ronda de la
Noche,
o la Monstrua Vestida de Carreño, con su
"pendant", la Desnuda -atributo de sileno
o de fauno,
o la Enana Musical, vestida de lamé y con
un contrabajo a cuestas, que Arturo Carrera
señala en la calle Corrientes,
o el gato Pup, a su manera enana blanca,
que resultó tan ingrato,
o hasta la propia Shirley Temple.
SEVERO SARDUY, BIG BANG, 1974
domingo, 17 de agosto de 2008
MANIFIESTO
una gloria por la que otrora escapé de la infancia
adorable de los bosques de rosas bajo el azur
natural, y siete veces más cansado del duro pacto
de excavar cada víspera una nueva fosa
en el terreno avaro y yerto de mi cerebro
sepulturero sin misericordia para la esterilidad
-¿qué he de decir a esta Aurora, o Sueños, visitado
por las rosas cuando, por temor a sus rosas lívidas,
el vasto cementerio una los hoyos vacíos?
Quiero abandonar el Arte voraz de un país
cruel, y, sonriendo a los reproches envejecidos
que me hacen mis amigos, el pasado, el genio,
y mi lámpara que sin embargo conoce mi agonía,
imitar al chino de corazón límpido y fino
de quien el éxtasis puro es pintar el fin,
en sus tazas de nieve a la luna arrebatada,
de una extraña flor que perfuma su vida
transparente, la flor que ha olido, niño,
en la filigrana azul del alma que se injerta.
Y, la muerte tal como el único sueño del prudente,
sereno escogeré un joven paisaje
que pintaré aún en las tazas, distraído.
Una línea pálida y delgada de azur sería
un lago en medio del cielo de porcelana desnuda,
una clara media luna perdida por una blanca nube
empapa su cuerno sereno en el cristal de las aguas,
no lejos de tres grandes pestañas de esmeralda, cañas.
STEPHANE MALLARME
