sábado, 13 de noviembre de 2010

Jacobo Fijman, El Otro

El Otro

Tarde de invierno.
Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
abren sus ojos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.

Bien dormía mi ser como los niños,
y encendieron sus velas los absurdos!

Ahora el Otro está despierto;
se pasea a lo largo de mi gris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca en mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.

¡La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.

Es muy larga la noche del corazón.

Por Jacobo Fijman

viernes, 18 de junio de 2010

PACO


La pura verdad


Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos

me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.


Del otro lado, Francisco Urondo

martes, 8 de junio de 2010

Balada del jinete muerto


Balada del jinete muerto de Conrado Nalé Roxlo


Ay, alazán, alazán
si llegaremos a tiempo.
Rojas traigo las espuelas
de tu sangre, compañero,
y mi blusa azul manchada
de sangre en el lado izquierdo.
¡Cómo resuena el camino
bajo tus cascos ligeros!
¡Si llegaremos a tiempo!...
Sólo tu sombra se alarga
por el suelo ceniciento.
Ay, que mi sombra no va
con la tuya, compañero.
Alazán, alazán mío,
no corras, que ya no es tiempo.

Cuando llegues a la casa
-¡Cómo me duele el recuerdo!-
oirás cantar la roldana,
te darán un cubo fresco,
y ella, de brazos desnudos,
irá a abrazarte gimiendo;
sus lágrimas correrán
con el sudor de tu cuerpo,
y oirás cantar a mis hijos
la canción del padre muerto.

Ay, alazán, alazán,
no corras, que ya no es tiempo.

lunes, 7 de junio de 2010

Horacio, Carminum IV, 3


Quem Tu, Melpomene, semel
nascentem placido lumine videris
illum non labor Isthmius
clarabit pugilem, non equos inpiger
curru ducet achaico
victorem, neque res bellica deliis
ornatum foliis ducem,
quod regum tumidas contuderit minas,
ostendet capitolio:
sed quae tibur aquae fertile prae fluunt
et spissae nemorum comae
fingent aeAeolio carmine nobilem.
Romae, principis urbium,
dignatur suboles inter amabilis
vatum ponere me choros,
et iam dente minus mordeor invido.
O testudinis aureae
dulcem quae strepitum pieri temperas,
o mutis quoque piscibus
donatura cycni, si libeat, sonum,
totum muneris hoc tui est,
quod monstror digito praetereuntium
romanae fidicen lyrae;
quod spiro et placeo, si placeo, tuum est.


Tú, Melpómene, una vez al que
al nacer observate con la luz plácida de tus ojos,
no haran célebre aquel luchador el juego
Istmico, no conducirá el fogoso caballo
en el carro de Acaya
vencedor, ni las artes bélicas exhibirá
al general adornado con hojas de Delos
porque ha humillado las amenazas henchidas de reyes
en el capitolio:
sino las aguas que riegan la fértil Tibur
y los densos follajes frondosos
darán forma noble en el canto Eolio.
La posteridad de Roma, la princesa de las ciudades,
juzga digno ponerme entre los coros
amables de sus poetas,
y ya me muerde menos con diente envidioso.
Oh Piérida, que templas
el dulce estrépito de la lira de oro.
oh Tú, que también darías el sonido del cisne
si quisieras, a los mudos peces,
lo esencial es un regalo de tí,
si soy señalado con el dedo de los que pasan
como el templador de la cítara romana;
que esté inspirado y agrade, si es que agrado, es por tí. *


Melpómene: musa que preside a la tragedia. La representan joven, de aspecto serio, ricamente vestida calzada con coturno, con cetros y coronas en una mano, y un puñal en la otra.

* versión de Gonzalo Sueiro

miércoles, 3 de marzo de 2010

Poemas Chinos

El Yangtsé

Poema

Con un manojo de blancos lotos
hurtados del lago
Regresa una doncella
remando en su pequeño bote.
No puede ocultar las huellas
porque la embarcación
A traves de los flexibles juncos
dibuja su delatora estella.

de PO CHÜ-I


Plática en los montes

Si me preguntases por qué habito
entre los verdes montes,
reiría en silencio;
mi alma está en calma.
El capullo del duraznero
sigue el movimiento del agua;
Hay otro cielo y otra tierra
más allá del mundo de los hombres.

de LI PO


Atardecer de otoño

Mientras el aire frío se desliza
debajo de la estera
y el desnudo muro de la ciudad
palidece con la luna otoñal,
veo un ánsar solitario
que cruza el Río de las estrellas,
y oigo en la noche, golpear
sobre las piedras
las mil mazas de lavar.
Pero en vez de desear que la estación
a medida que huye
me lleve también a mí,
encuerto tu poema tan hermoso
que me olvido del retorno
de las aves a sus nidos.

de HAN HUNG

martes, 2 de marzo de 2010

Wallace Stevens




Siempre puede haber un tiempo de inocencia.
Nunca existe un lugar. O si no existe un tiempo,
Si no es cosa de tiempo, ni de espacio,

Existiendo, a solas, en su idea,
En el sentido contra la calamidad, no es por ello
Menos real. Para el filósofo más frío y más anciano

Hay o debe de haber un tiempo de inocencia
Como puro principio. Su naturaleza es su fin,
Que debería ser y no ser a un tiempo, una cosa

Que estimula la piedad de un hombre piadoso,
Como un libro al atardecer, hermoso pero falso.
Como un libro al alba, hermoso y verdadero.

Es como una cosa de éter que existe
Casi como predicado. Pero existe,
Existe, y es visible, existe, es.

Así, entonces, estas luces, no son un hechizo de luz,
Un refrán caído de una nube, sino inocencia.
Inocencia de la tierra y no un signo falso

O un símbolo de malicia. Que participamos
De eso mismo, yacemos como niños en esta santidad,
Como si, despiertos, yaciésemos en la quietud del sueño,

Como si la madre inocente cantase en la oscuridad
De la habitación y en un acordeón ¡ apenas oído,
Crease el tiempo y el espacio en el que respirábamos...

Wallace Stevens, De "Las auroras de otoño" (1950)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Poemas V



Viene y va. Combato su vuelo pútrido sobre la belleza septembrina.

En su intento por huir reduce su hambre a pequeños sorbos, migajas que desgarra apresuradamente procurando escapar de mi veneno que, pestilente, busca la mortal herida.
El rayo que no cesa. La muerte protectora que resguarda la belleza a su modo.
En los hálitos destilados de una solución que no perfuma pero mata, guarda la llave del nectar mismo que protege.
Busca por los rincones, esquiva, rehuye y vuelve a intentarlo. Pretende fingir que escapa, que su vuelo zigzagueante y de algun modo errático, es parte de su desaparición. Pero sólo se aleja para volver.
Procura hallar el intersticio, antes que su hambre la devore, para corromper la belleza
dejando su semilla en el interior mismo.
Ese es su método. Corroe desde el interior, desde lo más profundo con una paciencia de mar.

Entonces derramo por los alrededores de la belleza el aliento vital para su defensa.
Consumo sus espacios y ya no tiene oportunidad ninguna.
Su vuelo, agotado del infructuoso y terco intento por encarroñar lo bello, termina en la verde hoja calada.
Desde su visión compuesta de miles de ojos, todos en uno, me observan. Insulta en una lengua cifrada.
El díptero, posado en la hoja calada, exala agotada su imposibilidad por la aterida boca. Pretende volver pero ya no puede. Mi veneno exparcido ha derruido toda posibilidad.
Regresará mañana, como otra, para volver a la batalla.



por Gonzalo Sueiro

martes, 23 de febrero de 2010

Absolutamente Moderno


ADIOS


¡El otoño ya! ¿Pero por qué añorar un eterno sol, si estamos empeñados en el descubrimiento de la claridad divina, lejos de las gentes que mueren en las estaciones?
El otoño. Nuestra barca, alzándose en las brumas inmóviles, gira hacia el puerto de la miseria, la ciudad enorme con su cielo maculado de fuego y lodo. ¡Ah, los harapos podridos, el pan empapado de lluvia, la embriaguez, los mil amores que me han crucificado! ¡De modo que nunca ha de acabar esta reina voraz de millones de almas y de cuerpos muertos y que serán juzgados! Yo me vuelvo a ver con la piel roída por el fango y la peste, las axilas y los cabellos llenos de gusanos y con gusanos más gruesos aún en el corazón, yacente entre desconocidos sin edad, sin sentimiento... Hubiera podido morir allí... ¡Qué horrible evocación! Yo detesto la miseria.
¡Y temo al invierno porque es la estación de la comodidad!
A veces veo en el cielo playas sin fin, cubiertas de blancas y gozosas naciones. Por encima de mí, un gran navío de oro agita sus pabellones multicolores bajo las brisas matinales. Yo he creado todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. He tratado de inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevas lenguas. Yo he creído adquirir poderes sobrenaturales. ¡Pues bien! ¡Tengo que enterrar mi imaginación y mis recuerdos! ¡Una hermosa gloria de artista y de narrador desvanecida!
¡Yo! ¡Yo que me titulara ángel o mago, que me dispensé de toda moral, soy devuelto a la tierra, con un deber que perseguir y la rugosa realidad para estrechar! ¡Campesino!
¿Estoy engañado? ¿Sería para mi la caridad hermana de la muerte?
En fin, pediré perdón por haberme nutrido de mentira. Y vamos.
¡Peto ni una mano amiga! ¿Y dónde conseguir socorro?


Sí, la nueva hora es, por lo menos, muy severa.
Pues yo puedo decir que alcancé la victoria: el rechinar de dientes, los silbidos de fuego, los suspiros
pestilentes, se moderan. Todos los recuerdos inmundos se borran. Mis últimas añoranzas se escabullen celos de los mendigos, de los bandoleros, de los amigos de la muerte, de los retardados de todas clases. ¡Si yo me vengara, condenados!
Hay que ser absolutamente moderno.
Nada de cánticos: conservar lo ganado. ¡Dura noche! La sangre seca humea sobre mi rostro, y no tengo cosa alguna tras de mí, ¡fuera de ese horrible arbolillo!... El combate espiritual es tan brutal como las batallas de los hombres; pero la visión de la justicia es sólo el placer de Dios.
Entre tanto, estamos en la víspera. Recibamos todos los influjos de vigor y de real ternura. Y a la aurora, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades.
¡Qué hablaba yo de mano amiga! Es una buena ventaja que pueda reírme de los viejos amores mentirosos, y cubrir de vergüenza a esas parejas embaucadoras -he visto allá el infierno de las mujeres-; y me será permitido poseer la verdad en un alma y un cuerpo


Arthur Rimbaud, de "una temprada en el infierno"

viernes, 19 de febrero de 2010

¿No cesará este rayo?


¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón me muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

MIGUEL HERNÁNDEZ

jueves, 18 de febrero de 2010

Coplas de El Alma que pena por ver a Dios



Vivo sin vivir en mí
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo;
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir, ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero
muriendo, porque no muero.

Esta vida que yo vivo
es privación de el vivir,
y así es contino morir
hasta que viva contigo.
Oye, mi Dios, lo que digo,
que esta vida no la quiero;
que muero porque no muero.

Estando ausente de ti,
¿qué vida puedo tener,
sino muerte padecer,
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
pues de suerte persevero,
que muero porque no muero.

El pez que del agua sale
aun de alivio no carece,
que en la muerte que padece,
al fin la muerte le vale.
¿Qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero,
pues, si más vivo, más muero?

Cuando me empiezo a aliviar
de verte en el Sacramento,
háceme más sentimiento
el no te poder gozar;
todo es para más penar,
y mi mal es tan entero
que muero porque no muero.

Y si me gozo, señor,
con esperanza de verte,
en ver que puedo perderte
se me dobla mi dolor;
viviendo en tanto pavor,
y esperando como espero,
muérome porque no muero.

Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que muero por verte,
y de tal manera espero
que muero porque no muero.

Lloraré mi muerte ya,
y lamentaré mi vida
en tanto que detenida
por mis pecados está.
¡Oh mi Dios!, ¿cuándo será
cuando yo diga de vero
vivo ya porque no muero?

San Juan de la cruz, Poeta Místico

martes, 13 de octubre de 2009

Francisco Madariaga ... lee sus poemas

Lugar: Universidad Nacional de Entre Ríos

Poeta: Francisco Madariaga

Tema: Lectura de Poemas





sábado, 10 de octubre de 2009

Entrevista a Francisco Madariaga

Maravilloso poeta Argentino, en una entrevista en la Universidad Nacional de Entre Ríos.

más información en http://www.franciscomadariaga.blogspot.com/







miércoles, 30 de septiembre de 2009

La palabra diciéndose palabra



"El poema recuerda y anuncia, anuncia y oculta, encuentra y pierde en la pérdida que engendra lo encontrado. Misterio creador, o creación de un misterio al que sólo se le avecina la contradicción: el poema: lo perdido en el acto de encontrarlo. Lo encontrado en el acto de plasmarlo: en el encuentro para otros: el poema y el lector: la nueva creación." link



HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO



Hay perros

que mueren de la muerte de su amo



cuerpos que no hacen el amor,

hacen el miedo



que no se agitan,

tiemblan.



Y hay hombres

en los que muere dios

como una gota de lacre

sobre el pecho

de un torso de mármol,



son los que lloran cuando creen

estar hablando,

o gritan soñando, pero al alba

olvidan el grito

con que encendieron la noche.



Hay hombres en los que gime dios

por no encontrar un hombre

donde morir de carne,



pero no llora como quien lo hace

solo,

llora como quien llora abrazado a un niño.



más poemas de hugo Mújica en:


más información en:



martes, 29 de septiembre de 2009

La disolución de la palabra

enana blanca

Las enanas blancas están compuestas por átomos en estado de plasma; como en su núcleo ya no se producen reacciones termonucleares, la estrella no posee ninguna fuente de energía que equilibre el colapso gravitatorio, por lo que la enana blanca se va comprimiendo sobre sí misma debido a su propio peso. La distancia entre los átomos en el seno de la misma disminuye radicalmente, por lo que los electrones tienen menos espacio para moverse.


El espacio guarda una fuente de misterio que se asemeja a lo poético. De su observación surge una sensación de vastedad que empequeñece y conmueve, aunque no podamos entender. En el poema surge ese abismarse, ante la palabra.
Ungaretti lo dice mejor: "La piel del cielo/despierta oasis/al nómada de amor". El poema como el cielo nos envuelve en una borrachera. Estamos como entregados. Concientes o no, no importa. Ésta crea estados poéticos.
Pero la poesía no está fuera del mundo - como dice Bayley - existe con el mundo (en relación con él, en una interacción creadora).


Isla Feliz

no digo nada
no explico
no contesto
no excusaré
no espero
me acuesto
miro al cielo
miro
al espacio
al aire
al río que me nombra

me visitan y estoy solo
tengo el arco de esta noche
el dolor
el silencio
así pasa en estos casos
a todos
siempre
no he sabido contestar
eso es todo

Edgar Bayley, obra poética, Corregidor


martes, 18 de agosto de 2009

Documental: Homenaje a Juan L Ortiz

Marilyn Contardi - Homenaje a Juan L. Ortiz from federico.brollo on Vimeo.



Para descargarlo: entrar aquí

Video que permite escuchar para quienes nunca lo habíamos hecho al Poeta Juan Laurentino Ortiz. Con las intervenciones de Juan José Saer, Hugo Gola y Rubén Naranjo. El video está producido por la Universidad Nacional del Litoral, y su directora es Marilyn Contardi.

viernes, 7 de agosto de 2009

**** Carpe noctem de Arturo Carrera ****



Carpe noctem



Pero el otro ignoto amigo
anotaba «lágrimas»
con sonido a música de cielo.
Y hacia el alba pedía
no más ruido, no más noche
sino
«moción de lágrimas».



Y el conteo nos parece ridículo;



y el misterio incontrolable era el agua
en una lengua salada.


Por Aturo Carrera de "Potlatch"




jueves, 6 de agosto de 2009

El sonido del poema: Hugo Gola



Dice Mandelstam: "No existe todavía una sola palabra, pero el poema ya suena. Lo que suena es la imagen interior, y es ésta lo que percibe el poeta."


Mandelstam no habla en esta cita de la inspiración, mas esa "imagen interior" que suena en el oído del poeta, creo que es aquello que con frecuencia se ha llamado inspiración. Y se lo ha llamado así porque ese momento anterior a toda palabra, que sobreviene inesperadamente, ejerce una presión indudable para que se inicie la escritura del poema. Sin embargo, para Mandelstam, ese estado interior no es vago ni difuso, puesto que suena en el oído del poeta y es, de alguna manera, el origen del poema. Ese sonido es percibido sólo por el oído atento del poeta. No es un sonido objetivo, externo, que cualquiera puede percibir. Aquel sonido anterior a la palabra puede, en un momento dado, alcanzar una objetividad palpable, si es que logra la materialidad verbal del poema. A partir de ese momento aquel sonido podrá ser percibido por todos, o potencialmente por todos.
Me importa subrayar el hecho de que, para el poeta ruso, el poema no comienza en la palabra, aunque en ésta recida su realidad perceptible, sino que su origen real, aunque no visible todavía, está en ese murmullo interno, en ese estado que invade al poeta, gracias a esa presión sonora, se cargara de una energía que en un momento se desborda. Una energía que el poema recibirá y llevará consigo gracias a una operación de trasvasamiento. Entre el estado previo - sonoro, digamos - y el poema que surge de él, existe un corredor subterráneo, un vínculo interno. Por él transcurre una energía que se hará visible y audible en la palabra cargada del poema.




Hugo Gola, Prosas, Alción Editora, 1° Ed, 2007, página 52-53

El sonido sordo de Osip Mandelstam




El sonido sordo y cauteloso del fruto
Que cae del árbol,

En medio de una incesante melodía

Del profundo silencio del bosque..
.

(1908)

Versión de Jorge Bustamante García



El oído afinado dirige la vela sensitiva,
La mirada dilatada se despobla

Y un coro enmudecido de pájaros nocturnos
Atraviesa el silencio.

Yo soy tan pobre como la naturaleza

Y tan simple como el firmamento,

Y mi libertad es tan quimérica
Como el canto de los pájaros nocturnos.


Yo veo al mes inanimado

Y al cielo más muerto que el lienzo;

Y acepto del vacío
¡Su mundo enfermo y extraño!

(1910)

Versión de Jorge Bustamante García

más poemas aquí y aquí


Osip Mandelstam

Poeta y ensayista ruso nacido en Varsovia en 1891.
Su padre, prestigioso comerciante, y su madre, profesora
de piano, lo educaron en el famoso Tenishev School de S.Petersburgo, luego en Paris y Alemania donde estudió Literatura en la Universidad de Heidelberg . De regreso a Rusia, estudió Filosofía, carrera que dejó inconclusa para dedicarse a la literatura.
Militó en el movimiento "acmeista" y está considerado como uno de los grandes poetas rusos del siglo XX.
Su poesía se agrupa en los libros: "La piedra" 1013, "Tristia" 1922, "Los cuadernos de Moscú" 1935 y "Los cuadernos de Voronezh" 1937 .
Un poema contra Stalin le valió en 1934 un destierro a los Urales, donde intentó suicidarse. Regresó para ser nuevamente arrestado y condenado a trabajos forzados
en 1938.
Murió en un campo de trabajo cercano a Vladivostok
el 27 de diciembre de 1938.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Poemas IV



El profeta nunca es oído
pues clama en el desierto
y el tiempo desaparece.
Repite interminable la misma voz
muda de toda verdad.

De allí surge lo sagrado,
una voz sin tiempo
que avanza desde el horizonte.
Repite cosas,
un todo indiferenciado
a veces inaudible y lejano.

Lo otro aparece de lo escindido
se hace llano y llama
como murmullo
que busca clarificarse.


Por Gonzalo Sueiro